| Sin Mapa. |
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| Escrito por Adriana MOLINA |
| Domingo, 03 de Enero de 2010 00:00 |
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TIJUANA, BC.-
El despertador timbra a las 6 de la mañana, y como soy complaciente me doy una programada segunda oportunidad a las 6:15, no sé, me satisface la idea de escucharlo y ser indolente, en el fondo sé que sonara de nuevo, me despojo de mi almohada, de mis tibias sabanas, de Morfeo y salgo al mundo, a esa batalla campal que representa el reto de sobrevivir un día más en esta jungla que construimos aconsejados por Maquiavelo seguramente, aun domina en el ambiente el susurro del silencio, el café no se hace esperar, adoro el aroma de las mañanas, pero a medida que pasan los minutos se empieza a llenar de todo, de ruidos, de voces, de impaciencias, los ajetreos, los sonidos urbanos que amordazan la calma y enfrían las pasiones, así pues nos subimos en el tren del mundo que nos labramos, ese que todos anhelamos, un buen trabajo, una casa amplia y confortable, llena de cositas decorativas, colores, ropa, comida, moda, valores de moda, todo en detrimento del ocio, el mal visto y poco socorrido ocio, pues hoy en día es más un pecado que una bondad. Un día para variar y no es que yo entre en indiscreciones pero mi marido y yo nos dábamos hasta con el sartén, ese día no lo olvido, el desdichado me tiro en la cara varios billetitos y me dijo que esperaba no volverme a ver, yo como magdalena, pero italiana, arme un escándalo, llore, pataleé, subí a mis dos angelitos casi adolescentes al auto, algo de ropa y me marche, en ese tiempo el susodicho cumplía con un contrato en gringolandia, razón por las que ya teníamos casi un año añorando unos buenos tacos, panuchos, pozoles, barbacoa que por ciento estos güeros confunden con unos trozos de costilla grasienta y agridulce; y partimos, mis dramas, mi auto, mis chamacos y yo, en vez de tomar rumbo al sur, de vuelta a casa, que se me pasa el empacho y que se nos ocurre agarrar camino, a San Francisco, no lo conocíamos así es que tenia que bajarme el coraje digo yo, así nos aventuramos 5 inolvidables días, sin reloj, ni brújula, ni mapa, ni horario y por cierto, tampoco mucha lana, pasamos por pueblos, valles, ciudades, carreteras, gasolineras, nos contábamos historias, cuentos, chistes, cantábamos, comíamos, sano una vez y muy insano otras 5, sin contar calorías, vitaminas o leer instructivos, nos peinábamos por la mañana pero a las 3 horas teníamos el cabello alborotado por el viento, la moda era estar cómodos, frescos, la bebida cualquier refresco, entre más dulce mejor, aun recuerdo Sacramento, ya era domingo, mi cadera no estaba tan contenta como mis ojos o mi boca que no paraba de estirarse de oreja a oreja, caminamos hasta donde parecía habría algún evento, y de pronto empieza la música, gente de todas partes… era un desfile gay… ¿por qué no hacemos desfiles heterosexuales?
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| Última actualización el Lunes, 14 de Junio de 2010 04:54 |
Tintero



