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Escrito por Ernesto LUMBRERAS   
Domingo, 03 de Enero de 2010 00:00

Bogotá más allá de los lugares comunes.

Ernesto LUMBRERAS*

BOGOTÁ, COL.- Hace no muchos años la clase política y económica mexicana hablaba del peligro de que la vida del país se “colombianizara”. Nuestro actual momento, con las mismas élites dirigentes en el poder, no tienen comparación con los años difíciles de aquel país sudamericano, especialmente después de la muerte de Pablo Escobar, el capo de capos. Ahora, paradoja de paradojas, el riesgo mundial radica, por lo que padecemos día a día los mexicanos, en que las naciones de nuestro hemisferio geopolítico no se “mexicanicen”. El infierno por todos tan temido, por lo visto, lo tenemos en casa, y se exporta con la marca de Made in Mexico. Hace unos días estuve en Bogotá y me topé con una ciudad vital, pujante, con un paisaje andino y lluvioso siempre nostálgico y una arquitectura única e inconfundible cuya materia esencial es el ladrillo, llevado a alturas y fabulaciones sorprendentes como se puede admirar en varios edificios bogotanos gracias a la imaginación del arquitecto Rogelio Salmona. Por supuesto, la ciudad tiene sus pequeños y grandes problemas como cualquier urbe contemporánea; los embotellamientos en la capital colombiana, por ejemplo, (“los trancones” les llaman) son uno de ellos y compiten de tú a tú con “las presas” o “los atasques” de la Ciudad de México o de Nueva York. Se come y se bebe bien en Bogotá; más allá de los platos conocidos, El Ajiaco o La bandeja paisa, la gastronomía colombiana tiene una diversidad de cocinas que uno podría agendarse un tour de sibarita por varios restaurantes. En mis pocos días en aquella ciudad mi paladar quedó extasiado con el menú de Fulanitos (ubicado en el centro, en plena Candelaria) y Mini-mal (en Chapinero Alto); en ambos, el imperio de nuestros sentidos no alcanza para registrar sabores, aromas, colores y texturas inusitadas y fascinantes. El primero es una cocina tradicional de los valles y el segundo fusiona el recetario de las múltiples regiones del país con experimentos culinarios logrados e inolvidables. Actualmente la literatura colombiana está a la alza. Más allá de los canónicos nombres de García Márquez, Álvaro Mutis o Fernando Vallejo, novelistas y poetas como Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin, Darío Jaramillo, Raúl Rivero, Juan Gustavo Cobo Borda, William Ospina, Ramón Cote Baraibar, Evelio Rosero, Jorge Franco, Fernando Denis, Juan Felipe Robledo y Federico Díaz Granados siguen aportando aventura y renovación a la tradición literaria de Colombia.

 

Texto Completo en Edición Impresa.

 

Última actualización el Lunes, 14 de Junio de 2010 05:04
 

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